El consumo del agua

¿Cuánta agua tomar?
Si bien, todas las recomendaciones de salud y belleza incentivan tomar agua, ¿por qué es tan importante y cuánta cantidad debemos considerar al día?
"Aunque es posible sobrevivir algunos días sin alimentos, no es posible hacerlo sin agua ya que posee funciones fisiológicas esenciales. Tampoco existen reservas en el cuerpo, por lo que las cantidades que se pierden especialmente en épocas de calor deben reponerse obligatoriamente para conservar la salud y eficiencia de nuestro organismo", explica la doctora Cristina Olivos, nutrióloga de Clínica Las Condes.

Claves:

¿Por qué es tan importante?
Desde un punto de vista fisiológico, es un componente indispensable de todos los tejidos corporales. Es esencial para los procesos fisiológicos de la digestión, absorción y eliminación de toxinas o de productos metabólicos no digeribles. Además, determina la composición y función del aparato circulatorio. Por otro lado, actúa como medio de transporte de gran parte de los nutrientes y contribuye a la regulación de la temperatura corporal.

¿Cuánta debemos tomar?
Las necesidades de líquido dependen del peso de la persona y de la etapa de vida de cada uno. La recomendación general diaria para un adulto es de 2 a 2,5 litros (basado en adulto promedio de 70 kilos, 15-20 ml/kg de peso), y en niños es de 1 a 1,5 litros (basado en aportes de 50-60 ml/kg de peso). De todas formas, se recomiendan aportes especiales en grupos específicos como deportistas, mujeres en etapa de lactancia, dietas hiperproteicas y enfermedades con riesgo de deshidratación fiebre, diarreas, vómitos. En estos casos es el médico tratante quien debe definir la ingesta total de líquidos para cada caso en particular.

¿Es posible tomar "demasiada agua"?
Es poco habitual que una persona sana pueda consumir una cantidad de líquido tan excesivo como para causar daño en su salud. Sin embargo, existen ciertos tipos de enfermedades que pueden presentar ingestas altas de líquidos (término médico conocido como "polidipsia"), como en los diabéticos descompensados. Además, existen patologías en donde el consumo total de líquidos normal para la gran mayoría de la población podría ser excesivo para la enfermedad de base que los afecta (insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal descompensada, insuficiencia hepática, entre otros). En ellos, un consumo mayor a lo recomendado por su médico tratante podría causar severas descompensaciones de estas enfermedades.

¿Son todas las aguas iguales?
Se denomina agua potable o agua de consumo humano al agua que puede ser consumida sin riesgo de contraer enfermedades. Es decir, agua que ha sido tratada según las normas de calidad locales e internacionales, que definen valores máximos y mínimos para el contenido en minerales, iones (cloruros, nitratos, nitritos, amonio, calcio, magnesio, fosfato, arsénico) y gérmenes patógenos.

Por otro lado, el agua potable tiene dos orígenes: aguas superficiales (ríos, lagos y embalses) y aguas subterráneas (pozos y fuentes). En ambos casos el agua aún no está completamente limpia para poder ser consumida. Para eliminar los contaminantes y los excesos de sales se añaden sustancias denominadas coagulantes que van a reaccionar en el agua, produciendo la separación de estas sales y partículas del total del agua. Además, se agregan desinfectantes para eliminar las bacterias y microorganismos, produciéndose un agua limpia, adecuada para el consumo, la cual debe ser incolora, inodora e insípida.
¿Cómo saber si estamos tomando suficiente?

En general, cuando la cantidad de líquido ingerido es equivalente a lo perdido, se alcanza un estado que se denomina "equilibrio hídrico"; es decir, se está ingiriendo la cantidad suficiente como para reponer las pérdidas. En la vida diaria, los ingresos de líquidos son a través de la ingesta de agua, el agua contenida en los alimentos y el agua producida en el metabolismo de los alimentos para transformase en energía. Por otro lado, las pérdidas ocurren a través de la orina y las heces (o deposiciones), la transpiración y la exhalación. Cuando el equilibrio hídrico antes señalado no se logra, la persona se expone a sufrir deshidratación, que se observa en los siguientes signos: disminución del volumen y frecuencia de orina; piel y mucosas secas; falta de apetito; sensación de fatiga; ausencia de lágrimas al llorar. En casos más severos se puede observar disminución de la sed, somnolencia y ojo hundidos.

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